Contracturas musculares: causas y soluciones

Aunque lo más común es padecerlas en cuello o espalda, las contracturas pueden producirse en cualquier grupo muscular del cuerpo y son particularmente molestas. Se caracterizan por una contracción involuntaria de uno o más grupos musculares, que al prolongarse en el tiempo produce un dolor continuo o permanente al paciente. Esta dolencia leve es una de las principales causas de baja laboral y es tan común, que casi el toda la población ha sufrido este problema alguna vez.

Las causan son varias, sin embargo, la más común suele ser un esfuerzo que excede la capacidad del grupo muscular afectado: levantar de forma inadecuada un objeto pesado o realizar una postura imposible son los principales candidatos para la formación de una contractura.

Otras causas atienden a la duración prolongada del esfuerzo y no tanto a su intensidad: una mala postura de forma continuada mientras trabajamos o dormimos suele derivar en contracturas, principalmente, en cuello y espalda. Además, el sedentarismo o una mala alimentación también pueden propiciarlas.

La mejor medicina contra esta dolencia es la prevención. Para ello, una correcta postura y el respeto por los límites de nuestro cuerpo pueden convertirse en nuestros mejores aliados. Practicar deporte atendiendo a la capacidad de nuestra musculatura es una de las mejores estrategias para prevenir todo tipo de lesiones. Fortalecer y tonificar los músculos ayuda a prevenir este problema, pero debemos realizar esfuerzos equilibrados y que se ajusten a nuestra forma física. Imprescindible un calentamiento adecuado antes de cualquier actividad física o deportiva, así como un correcto estiramiento de los diferentes grupos musculares al finalizar la misma.

La higiene postural también es clave tanto en la prevención como en la cura, y especialmente importante en el caso de las contracturas causadas por un esfuerzo repetido o cotidiano. Ésta consiste en aprender sencillas técnicas que nos ayuden a impedir la formación de muchos trastornos musculoesqueléticos.

La mayor parte de los consejos básicos en esta materia están orientados a aliviar la sobrecarga a la que a menudo sometemos a nuestra espalda. Es importante saber que cuando levantemos objetos pesados debemos flexionar las rodillas tratando de mantener recta nuestra columna. Al mover un objeto de grandes dimensiones, siempre es preferible empujar la carga que arrastrarla. Si por el contrario su trabajo le exige mantenerse sentado durante horas, es clave levantarse y realizar estiramientos periódicamente.

A menudo, las contracturas se retroalimentan en un círculo vicioso. Si no cambiamos esa mala postura cotidiana causante del problema, convertiremos una dolencia leve en crónica. Si la contractura se repite de forma cíclica, su reaparición se producirá cada vez con mayor frecuencia y facilidad.

Hay que cuidar especialmente las contracturas en la espalda, pues pueden ser el síntoma de problemas mayores. Aunque pueda resultar paradójico, en ocasiones es el dolor mismo el que puede provocar una contractura. Por ejemplo, una hernia discal que desconocemos puede causar un dolor que llegue a contracturar los grupos musculares de la espalda, agravando el problema primario.

No dude en acudir a la consulta de su fisioterapeuta para remediar esta dolencia común. Si acaba de sufrir una contractura, puede aplicar calor en la zona afectada, ya que éste actuará como medida analgésica. Para solucionar definitivamente el problema, encontrar las causas y prevenir su reaparición, debe ponerse en manos de expertos.

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