Estrés y dolores físicos

En la actualidad el estrés puede aparecer en cualquier momento, no en vano se conoce a esta respuesta como la enfermedad de Occidente o del S.XXI y es que la práctica totalidad de la población mundial padecerá este problema al menos una vez en la vida.

El estrés es el mecanismo que el cuerpo humano posee para activarnos en caso de problemas o peligros; sin embargo, en el mundo moderno y en la rutina de la mayoría, actualmente ya no existen los depredadores que puedan acabar con nosotros en un momento, como un gran felino o un oso y son más bien los pequeños problemas que debemos afrontar poco a poco los que pueden acabar con nosotros a la larga.

Nuestro cuerpo no conoce esta nueva situación y únicamente está preparado para reaccionar contra las amenazas atávicas. Como resultado tenemos la liberación de estrés físico en momentos donde esta respuesta no ayuda, sino que al contrario, hace aún más sufrido lo insufrible.

Imaginemos que esperamos en mitad de un gran atasco. Llegamos tarde a trabajar y el ruido del claxon de los coches comienza a hacernos pensar en el tiempo perdido. En la naturaleza y siguiendo los patrones instintivos, ante una amenaza existirían dos respuestas posibles: la retirada o el enfrentamiento. Pero, ¿cuál es de estas dos estrategias nos es útil en la vida moderna? La respuesta es ninguna de las dos, y sin embargo, nuestro cuerpo nos exige una de ambas y como resultado de la incapacidad de llevar a cabo ninguna de las dos, aparece el estrés.

Es en momentos de estrés en los que se producen multitud de contracturas y problemas musculares, la mayoría de ellos en nuestra espalda, siendo las zonas del cuello o lumbar las más sensibles a esta respuesta exagerada ante una situación compleja. Y es que además, este mal de Occidente que es el estrés posee un efecto acumulativo que lo hace aún más peligroso. El sedentarismo que nos exige a menudo la vida no ayuda a la hora de liberar las tensiones acumuladas.

Se cree que uno de los principales mecanismos de liberación del estrés está en el movimiento continuado y la vida activa. La actividad des-estresante por antonomasia, sería, según la mayoría de expertos, una actividad al aire libre y realizada sin motivo, es decir, realizada teniendo a la actividad física como finalidad misma. Del mismo modo que ocurre con la práctica deportiva no competitiva, la actividad des-estresante debe realizarse sin objetivos o metas en el largo plazo, sino por el mero placer de su realización.

Una de las favoritas de multitud de expertos es además una de las mejores para combatir problemas de espalda, les hablamos de la natación. Uno de los deportes más completos se ha convertido también en uno de los más des-estresantes, pues según los expertos sumergirse en el agua relaja de forma inmediata las pulsaciones y disminuye la presión arterial. Además, la suspensión del cuerpo en el medio acuático libera la mayor parte del cuerpo de sus cargas habituales, logrando relajarnos de forma drástica. Por último, el hecho de sumergir nuestros oídos bajo el agua ayuda a procesos cerebrales parecidos a los de la concentración y meditación, practicados tradicionalmente en Oriente y que son mecanismos centenarios de control emocional y del estrés.

Así que si se encuentra estresado y además padece problemas de espalda, no se lo piense dos veces, póngase en manos de profesionales para su espalda y practique la natación al menos 2 veces por semana. Si sigue este consejo, a la larga se beneficiará de hasta un 40 % menos probabilidades de padecer un infarto.