La osteopatía en el interior de nuestro cuerpo

En entradas posteriores les hablamos de la osteopatía craneal, su enfoque y sus resultados. Hoy les proponemos conocer otra de las ramas de la osteopatía, aún más extendida que la anterior, y que supone un descubrimiento para muchos que se acercan por primera vez a una clínica de fisioterapia con un enfoque más moderno e integral.

La osteopatía visceral se presenta como un método de sanación de enfoque holístico, es decir, entiende que las distintas partes de nuestro organismo actúan unas sobre las otras, de manera integral. En ocasiones, el enfoque tradicional entiende los diferentes sistemas (digestivo, renal, óseo, etc.) como partes aisladas del cuerpo. Para la osteopatía y, concretamente, para su aplicación visceral, el terapeuta comprende que un desequilibrio en uno de los sistemas repercute necesariamente en el resto. Al igual que ocurre con cualquier objeto con componentes mecánicos, el mal funcionamiento de una pieza supone que el resto no funcionen correctamente.

Partiendo de este enfoque, la osteopatía visceral se centra en el estómago, el hígado, intestinos y demás vísceras, tratando de determinar mediante el tacto posibles inflamaciones, desequilibrios y desajustes en su posición o funcionamiento.

A través de la manipulación de los distintos órganos y gracias al uso de técnicas apropiadas, el osteópata visceral puede incidir en caso de rigidez o problemas como obstrucciones intestinales e incluso problemas cervicales.

Las distintas vísceras se encuentran sujetas a la estructura ósea y muscular de nuestro cuerpo gracias a las fascias y ligamentos. Todo ello conecta con el diafragma y se extiende por nuestro torso al completo, pudiendo crear problemas que en apariencia no parecen tener relación alguna para aquellos que no conozcan a fondo la anatomía humana.

Su aplicación está basada en la aplicación de fuerza manual en las zonas específicas, de forma suave y meditada a fin de encontrar desajustes y corregirlos. Uno de los principales efectos buscados por el osteópata visceral es la movilidad adecuada de los órganos, así como encontrar puntos donde la tonicidad muscular delate tensión. El ámbito de actuación y el paciente prototipo no existe en este tipo de tratamiento, ya que son muy numerosos los problemas que pueden presentarse como síntomas derivados de problemas viscerales. Teniendo en cuenta que las vísceras están situadas en el centro de nuestro cuerpo y que inciden directamente sobre nuestra espalda, son muy variados los problemas posturales que pueden acarrear.

Cuando la postura no es adecuada, como bien sabemos, los problemas se extienden, literalmente, de los pies a la cabeza del paciente: dolores de cabeza, cuello, hombros, ciática, calambres o incluso en los talones de nuestros pies pueden estar causado por problemas derivados de la posición de nuestras vísceras, ya sea por el estómago o el intestino. El osteópata visceral tiene la tarea de tratar de detectar estos desajustes y problemas.

Como comentábamos al comienzo de esta entrada, el uso de este tipo de técnicas está muy extendido entre los fisioterapeutas en la actualidad. Son muchos los pacientes que resultan impresionados cuando los conocedores de este tipo de terapia alivian un dolor de cuello u hombros masajeando el vientre del paciente.

Muchas personas creen acumular la tensión en zonas específicas de la espalda, y aunque esto es cierto, en muchas ocasiones la tensión no nace en la musculatura dorsal, sino abdominal.