La Osteopatía Visceral

Partiendo de la base de que la osteopatía se dedica a trabajar con la globalidad del cuerpo humano, la osteopatía visceral hay que tenerla en cuenta para el tratamiento y recuperación de algunas de nuestras dolencias.

Cuando se afronta un tratamiento de osteopatía de cualquier tipo no se puede dejar de lado la parte que pueda afectar a los órganos internos de nuestro organismo, ya que éstos forman parte de nuestro cuerpo al igual que los huesos, los músculos… Por esto debemos darles la importancia que merecen y prestarles el tratamiento adecuado en el caso de que sea necesario.

Para comprender un poco las bases de esta especialidad osteopática hay que tener en cuenta que todas las vísceras (desde el hígado a los intestinos, el estómago, los riñones…) poseen dos tipos de movimiento fundamentales para un óptimo funcionamiento de la víscera:
– Uno de estos movimientos es el que proporciona el diafragma por medio de los ligamentos y estructuras de sostén cuando se realizan los movimientos para la respiración, inspiración y expiración.
– El otro está generado por la misma víscera y recibe el nombre de motilidad

Si cualquiera de estos dos movimientos no se efectúa de manera correcta o presentase algún tipo de deficiencia, podría provocar un bajón o disminución de la capacidad de funcionamiento, generando alteraciones funcionales no patológicas.

La relación de las vísceras con el resto de estructuras del organismo es muy simple: todas las vísceras están ancladas a una estructura ósea por medio de ligamentos y fascias, y unidas las unas a las otras a través de mesos, epiplones y ligamentos, estando estrechamente ligadas, como hemos dicho antes, al músculo diafragma.

De forma muy resumida podemos decir que la osteopatía visceral trata de eliminar rigidez estructural, mejorando así la motilidad y movilidad visceral, estimulando también la vascularización e inervación. De ahí el dicho “una víscera que se mueve funciona mejor”.

Esta armonización de los órganos y vísceras es el objetivo final de esta especialidad.

Estas técnicas pueden hacer volver a su posición correcta a algún órgano que se hubiera desviado de aquella, a la vez que alivia el tejido congestionado, en ocasiones de lesiones producidas varios años atrás. Después de una intervención quirúrgica está altamente recomendado el tratamiento osteopático visceral, para eliminar las adhesiones, mejorando la función muscular y por tanto mejorando la motilidad y movilidad de las vísceras.

Las lesiones o restricciones de movimiento visceral pueden tener su origen en múltiples situaciones y factores como traumas, posturas forzadas, infecciones, cirugías…

El dolor que nos transmiten las vísceras dañadas o enfermas proviene de las terminaciones nerviosas que éstas tienen en sus envolturas, ya que no éstas no existen en las vísceras.

Ahora ya sabemos que cuando un órgano tiene algún tipo de déficit de motilidad o movilidad, que no puede moverse libremente, nuestro cuerpo se adapta a éste, aún a costa de otras estructuras. Un ejemplo claro de esto es cuando tenemos algún tipo de dolor abdominal, que provoca que el cuerpo se doble hacia delante para evitar la tensión en esa zona. De esta manera lo que realmente está sucediendo es que se alivia la tensión en la zona abdominal pero se está generando otra en la zona lumbar, modificando su postura original y correcta, la posición erguida, hacia una posición curva que en nada favorece a nuestro cuerpo. Así pues nos encontramos pacientes que llegan con el dolor en la espalda siendo necesario el tratamiento en la zona abdominal para corregir estas anomalías.

Esperamos haber acercado un poco más este mundo de la osteopatía a todos, sobre todo la importancia de aplicar o solicitar estos tratamientos.