Liberación Miofascial

¿Qué es el síndrome miofascial?
Es un cuadro de dolor regional de origen muscular, localizado en un músculo o grupo de músculos, que consta de una banda tensa, dolorosa, localizable por palpación y en cuyo seno se encuentra el punto gatillo (PG) y dolor referido a distancia, espontáneamente o a la presión digital.
Se atribuye a factores biomecánicos por sobrecarga o sobreuso muscular. El tratamiento hay que aplicarlo multidimensionalmente, eliminando los factores que causan el problema, educando al paciente y mandándole ejercicios domiciliarios para la prevención y curación del síndrome.

La liberación miofascial se aplica en el tratamiento de las disfunciones del sistema miofascial, que suelen causar falta de movilidad y mucho dolor.

Dentro de la medicina alternativa (osteopatía, fisioterapia, masaje…) se ha convertido en una forma de terapia muy común y muy extendida entre los profesionales de esas especialidades.

La fascia es un tejido conectivo duro, delgado y elástico que se encuentra envolviendo la mayoría de las estructuras internas del cuerpo humano. Entre esas estructuras se encuentran, como no, los músculos. La fascia protege y apoya las estructuras musculares.

Existen dos tipos de liberación miofascial: directa e indirecta.

La liberación directa se denomina así pues aporta una tensión directa sobre el problema, se aplica una fuerza constante sobre el tejido afectado con los dedos, nudillos o codos para el estiramiento de la fascia restringida para, de una manera lenta y con una fuerza constante, conseguir la liberación.
También se considera liberación directa la aplicación de esta técnica con instrumental en lugar de los dedos o codos. En este caso encontramos algunas ventajas respecto al método tradicional y en algunas partes del cuerpo.

La liberación indirecta se basa en la aplicación de un estiramiento leve y suave, con muy poca presión, para que la fascia se pueda desenredar. Es como si guiásemos a los tejidos hasta conseguir su liberación.

Ambas técnicas se basan en la aplicación de fuerza en la zona afectada, en el punto gatillo (PG) que es considerado el epicentro de estos problemas. El PG es una zona de entre 3 y 6mm de superficie donde el músculo se irrita cuando le aplicamos presión, lo estiramos o sufre una contractura, produciendo un punto de dolor local. Existen dos tipos de PG: activos y latentes.

Los puntos gatillo activos son los que se pueden considerar como responsables del dolor cuando nos encontramos en reposo y también del dolor referido a la presión, parecido al que el paciente describe, asociados a estados de debilidad, cambios de temperatura…

Los puntos de gatillo latentes o silentes aparecen con la contracción muscular, nunca espontáneamente, originando el dolor sólo cuando se ejerce una presión externa, pero pudiendo ocasionar una limitación de movimientos o debilidad muscular e incluso rigidez.

Ambos PG se pueden activar por traumatismo, esfuerzos acumulados, alteraciones posturales y/o falta de tono físico.

El examen físico que hay que realizar en los casos en que existan puntos gatillo debe de ser muy meticuloso, incluyendo el examen médico, musculo esquelético y neurológico. El primero de los síntomas que nos indican la existencia de estos puntos gatillo es la rigidez o poca movilidad de alguno de los músculos de nuestro cuerpo. La localización de estos PG se basa en la sensación del médico que nos reconozca así como en las sensaciones que el paciente transmita durante el examen, y pasará por la localización de la banda tensa en cuyo seno se encontrará el punto gatillo. Una señal inequívoca de que se ha localizado el PG la obtenemos mediante la aplicación de presión durante unos cinco segundos en la zona; si el paciente da un respingo o salto de dolor ¡Eureka! Hemos encontrado el PG y podemos empezar el tratamiento para liberación miofascial.