Varices: sistema circulatorio y alimentación

Varices: sistema circulatorio y alimentación

Existen multitud de problemas relacionados con la circulación que pueden resultar crónicos y que, aunque pueden aparecer durante la juventud, son más frecuentes a partir de los 30 años. La hipertensión arterial, la insuficiencia venosa crónica –varices-, o las hemorroides son el resultado de diversos problemas relacionados con el sistema circulatorio.

El cuidado de esta importante parte de nuestro cuerpo debe comenzar por el control de nuestra alimentación, así como de la proporción justa entre el descanso y el ejercicio. A pesar de que problemas como las varices o la hipertensión suelen tener un origen genético, el cuidado adecuado de nuestros hábitos favorece un retraso en su aparición y una mejora considerable en caso de que el problema sea ya un hecho.

Ni que decir tiene que tanto el consumo excesivo de alcohol como el tabaquismo favorecen los problemas circulatorios. Además, tanto el sedentarismo, como un exceso de ejercicio u horas de pie pueden favorecer la aparición de varices.

La alimentación también resulta clave para prevenir y mejorar el diagnóstico de las varices. Si queremos aliviar los síntomas de este problema, lo mejor es informarnos de manera adecuada acerca de los alimentos que verdaderamente ayudan con este tipo de problemas. Por ejemplo, si bien es frecuente encontrarnos con personas que eliminan las grasas de su dieta, lo cierto es que las grasas poliinsaturadas, no sólo no son perjudiciales para nuestra salud vascular, sino que aportan beneficios inmediatos. Es el caso del tipo de grasas que encontramos, por ejemplo, en alimentos como el pescado azul o el aceite de girasol.

El potasio también es un mineral a tener en cuenta para aquellas personas que sufren de problemas relacionados con el aparato circulatorio. Su acción se centra en eliminar la retención de líquidos de nuestro cuerpo. Uno de las más saludables y rápidas fuentes de este mineral es el agua de coco, poco común en estas latitudes, pero remedio bien conocido en países del área caribeña desde hace años. No en vano, recientes estudios apuntan a una disminución de la hipertensión en pacientes que tomaron esta agua de forma habitual durante un tiempo. Pero si no encontramos esta fuente de potasio en nuestro supermercado, no se apure, pues existen numerosos alimentos cotidianos que pueden aportar grandes cantidades de potasio, como el plátano, las espinacas o el aguacate.

Es bien conocido el efecto negativo que tiene el sodio –la sal es literalmente cloruro sódico- para nuestra salud circulatoria, ya que favorece la retención de líquidos y, consecuentemente, la inflamación de las extremidades. Además, se produce un incremento de la tensión arterial, esto es, la presión que la sangre ejerce sobre nuestras arterias y venas aumenta, pudiendo producir consecuencias que van desde la aparición de varices, hasta problemas más graves como infartos o ictus.

La hidratación y el consumo de fibra son también claves para un buen funcionamiento del sistema circulatorio. La fibra es además importante para regular nuestro tránsito intestinal, y puede prevenir que aparezcan otros problemas asociados a la circulación como las hemorroides. Mediante la ingesta de agua y fibra, el cuerpo puede deshacerse con mayor eficiencia de las toxinas, lípidos y demás secreciones. Las infusiones y bebidas que además nos ayuden a reponer electrolitos son una buena idea, al menos una vez al día, para aquellos que padezcan problemas de este tipo.

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